¡Cuaaaaaanto tiempo! Hace ya la tira que este Blog no se renueva, y la culpa de tal tragedia la tengo solamente yo. A partir de ahora me esforzaré lo más posible por evitar parones como este y poder continuar con esa pasión que tan en desuso la tengo, por desgracia: escribir. Sin más explicaciones que daros vamos a entregarnos al tema, a esa película o libro que toca comentar de forma positiva(o negativa) y, esta vez, desde luego, es la primera. Y es que Ratatouille de Brad Bird, una de las joyas de Pixar, el archiconocido gigante de la animación, es una cinta que no solo cumple para entretener a toda la familia, sino ir más allá y dar una lección de vida que no conoce de edades ni superficialidad, a través de sueños gastronómicos y muy buen gusto.¡Que aproveche!
Remy es una rata de campo cuyo mayor aspiración es llegar a ser chef. Pero en su sociedad ratonil ven demasiado absurdo su sueño y, especialmente su padre, lo presionan para que siga la senda de todas las ratas: robar para sobrevivir. Pero Remy se niega a rendirse y todos los días, mientras la anciana dueña de la casa donde el y su colonia viven escondidos duerme, aprovecha para deleitarse con los programas de Gusteau, exitoso cocinero francés y modelo a seguir de nuestro personaje. Sin embargo, un día todo se descontrola y Remy acaba solo y abandonado en las alcantarillas, aunque no deja que la desesperanza lo venza, y más cuando acaba justo debajo del mismo restaurante de Gusteau!A partir de aquí seremos testigos de su vertiginosa aventura por los fogones con la ayuda del Linguini, el ayudante de cocina, donde no faltarán las sorpresas y, sobre todo, el éxito contra todo pronóstico.
Ganadora de un Oscar a la Mejor Película de Animación en 2007, Ratatouille es una obra repleta de humor, emoción, drama e incluso acción. Pixar ya nos había conquistado anteriormente con cintas de la talla de Los Increíbles(2004) o las dos de Toy Story(1995 y 1999), pero aquí se nos presenta, a través de una especie de parábola infantil, un extraordinario y profundo relato de la importancia de los sueños y el necesario sacrificio por alcanzarlos. Hay escenas como la de Remy hablando con su conciencia personificada como su chef idolatrado que nos enseñan cuan importante es escuchar esa voz interior que nos empuja, nos mueve, nos hace avanzar. Tampoco falta la pasión del personaje hacia la comida, tan real que casi la sentimos propia, reforzada por el encanto que rezuma esa París romántica y única.

Sin embargo, como cité anteriormente, tampoco falta la carga dramática y como, no pocas veces, una relación profesional puede acabar mal por culpa del orgullo y la codicia, como se puede apreciar en la creciente tensión entre Remy y Linguini. Por otra parte, el reencuentro con la familia de ratones complica aún más las cosas, hasta el punto que le presionan por volver a su antigua vida y alejarse de los humanos, considerados los más acérrimos enemigos de su especie, reflejando el dilema del pasado, de la pertenencia a un colectivo contra las aspiraciones del individuo, entre el destierro y la incertidumbre. Además, el chef y sucesor de Gusteau frente al restaurante, Skinner, sospecha de la verdadera "ayuda" que Linguini recibe para cocinar tan bien y hace lo posible por desenmascarar su empresa.
Pero el crítico que llego a acabar con la fama de Gusteau, el despiadado Anton Ego, decide visitar de nuevo el establecimiento y comprobar si es merecedor de ello. Es a partir de aquí, hacia el final de Ratatouille, cuando presenciamos el clímax de la historia a un frenético ritmo y donde no faltan la superación, la humildad frente a la arrogancia, el recuerdo que nos convierte en humanos, la ternura hecha plato. Un recorrido emocional, acompañado de la excelente canción de Camille, que nos dejará con un gran ánimo al terminarla.

Seguramente habréis notado a lo largo de la crítica mi fascinación especial con esta película, pero es que son tantas las lecturas y sensaciones que se extraen de ella, que en definitiva me es inevitable derretirme con su recuerdo, en aquel entonces un niño de 8 años y hoy, tras tanto tiempo, sigo disfrutándola incluso más. Una animación excelente con un diseño de lo más realista y minucioso, que supuso no solo un aire de lo más fresco en su campo, sino un clásico hasta ahora que enseña cuán importantes somos y como podemos estar toda la vida ignorantes a ello. Sin duda de las mejores producciones de su estudio y una auténtica delicia para el paladar. Un trabajo exquisito que enseña mejor que muchos la esencia misma de la voluntad para lograrlo, un camino no exento de obstáculos y temores y que requiere el máximo esfuerzo, el 100% de nosotros. En verdad, todos somos una rata encerrada en su hábitat, consumida por la rutina, pero con la capacidad de hacer cosas realmente grandes, trascendentales en nuestro mundo.
Pero la voluntad es nuestra.
Ganadora de un Oscar a la Mejor Película de Animación en 2007, Ratatouille es una obra repleta de humor, emoción, drama e incluso acción. Pixar ya nos había conquistado anteriormente con cintas de la talla de Los Increíbles(2004) o las dos de Toy Story(1995 y 1999), pero aquí se nos presenta, a través de una especie de parábola infantil, un extraordinario y profundo relato de la importancia de los sueños y el necesario sacrificio por alcanzarlos. Hay escenas como la de Remy hablando con su conciencia personificada como su chef idolatrado que nos enseñan cuan importante es escuchar esa voz interior que nos empuja, nos mueve, nos hace avanzar. Tampoco falta la pasión del personaje hacia la comida, tan real que casi la sentimos propia, reforzada por el encanto que rezuma esa París romántica y única.

Sin embargo, como cité anteriormente, tampoco falta la carga dramática y como, no pocas veces, una relación profesional puede acabar mal por culpa del orgullo y la codicia, como se puede apreciar en la creciente tensión entre Remy y Linguini. Por otra parte, el reencuentro con la familia de ratones complica aún más las cosas, hasta el punto que le presionan por volver a su antigua vida y alejarse de los humanos, considerados los más acérrimos enemigos de su especie, reflejando el dilema del pasado, de la pertenencia a un colectivo contra las aspiraciones del individuo, entre el destierro y la incertidumbre. Además, el chef y sucesor de Gusteau frente al restaurante, Skinner, sospecha de la verdadera "ayuda" que Linguini recibe para cocinar tan bien y hace lo posible por desenmascarar su empresa.
Pero el crítico que llego a acabar con la fama de Gusteau, el despiadado Anton Ego, decide visitar de nuevo el establecimiento y comprobar si es merecedor de ello. Es a partir de aquí, hacia el final de Ratatouille, cuando presenciamos el clímax de la historia a un frenético ritmo y donde no faltan la superación, la humildad frente a la arrogancia, el recuerdo que nos convierte en humanos, la ternura hecha plato. Un recorrido emocional, acompañado de la excelente canción de Camille, que nos dejará con un gran ánimo al terminarla.

Seguramente habréis notado a lo largo de la crítica mi fascinación especial con esta película, pero es que son tantas las lecturas y sensaciones que se extraen de ella, que en definitiva me es inevitable derretirme con su recuerdo, en aquel entonces un niño de 8 años y hoy, tras tanto tiempo, sigo disfrutándola incluso más. Una animación excelente con un diseño de lo más realista y minucioso, que supuso no solo un aire de lo más fresco en su campo, sino un clásico hasta ahora que enseña cuán importantes somos y como podemos estar toda la vida ignorantes a ello. Sin duda de las mejores producciones de su estudio y una auténtica delicia para el paladar. Un trabajo exquisito que enseña mejor que muchos la esencia misma de la voluntad para lograrlo, un camino no exento de obstáculos y temores y que requiere el máximo esfuerzo, el 100% de nosotros. En verdad, todos somos una rata encerrada en su hábitat, consumida por la rutina, pero con la capacidad de hacer cosas realmente grandes, trascendentales en nuestro mundo.
Pero la voluntad es nuestra.
