La presenta película es, sin ningún margen de duda, de las más poderosas y memorables que he visto en mis años de consumista cinéfilo. Una obra original de Netflix, la mejor de la plataforma hasta la fecha, y no es que destaque por una historia de lo más compleja. Sin embargo, es esa misma sencillez la que hace grande a Paddleton, un dramático retrato salpicado de ingeniosa comedia del poder de la amistad y del sentido de la vida misma.
Andy y Michael son dos buenos amigos, además de vecinos, que disfrutan las noches viendo películas juntos y comiendo Pizzas. De día, en cuanto tienen algo de tiempo libre, juegan al Paddleton, un deporte invitado por ellos el cual consiste en lanzar una pelota contra la pared con la intención de que caiga dentro de un barril dispuesto detrás. A través de tan simples actividades se construye un vínculo fuerte que es puesto a prueba cuando a Michael le detectan un cáncer terminal incurable. Con pocos meses de vida, se niega a morir sufriendo en un hospital perforado por tubos y encuentra un medicamento, vendido en pocas farmacias, fabricado especialmente para personas enfermas que quieran acabar con su vida. Le pedirá a su amigo que le acompañe a hacerlo.
Quizás lo que más llamé la atención es su gran simpleza, sin detalles estrafalarios o espectaculares giros de guión para hacerla algo épico. No. Desde su viaje al pueblo para hacerse con la pastilla hasta su regreso a casa, no hay nada sorprendente en toda la cinta, sino que su costumbrismo es el motivo por el que hay que verla. Lejos de superficialidad, de efectismos argumentales, y más cercana a la vida misma, un natural retrato de una amistad unida hasta el inevitable final.
Cabe resaltar que, a pesar de su dramático fondo, el humor está presente en no pocas ocasiones y hacen de algo tan duro más llevadero. El desternillante monólogo de su película favorita en un bar o algún que otro momento de despiste con las luces de la habitación nos sacarán muchas risas, momentos reforzados por las inmejorables interpretaciones de sus protagonistas, y es hacia el final cuando el espectador romperá a llorar desenfrenadamente, en una escena que le conmoverá enormemente el corazón. Tal como a mi me lo hizo.
Es una película vista interminables veces, de las que te sabes a la perfección como termina, pero su forma de contarse y la fuertes emociones que hace sentir la convierten en uno de los mejores productos de la plataforma, tan humana como realista. No hace falta amor de por medio, solo dos inseparables amigos cuyas vidas se vieron truncadas por los inesperados giros de guión de la vida, quedando para la posterioridad un maravilloso recuerdo, imposible de olvidar.
Andy y Michael son dos buenos amigos, además de vecinos, que disfrutan las noches viendo películas juntos y comiendo Pizzas. De día, en cuanto tienen algo de tiempo libre, juegan al Paddleton, un deporte invitado por ellos el cual consiste en lanzar una pelota contra la pared con la intención de que caiga dentro de un barril dispuesto detrás. A través de tan simples actividades se construye un vínculo fuerte que es puesto a prueba cuando a Michael le detectan un cáncer terminal incurable. Con pocos meses de vida, se niega a morir sufriendo en un hospital perforado por tubos y encuentra un medicamento, vendido en pocas farmacias, fabricado especialmente para personas enfermas que quieran acabar con su vida. Le pedirá a su amigo que le acompañe a hacerlo.
Quizás lo que más llamé la atención es su gran simpleza, sin detalles estrafalarios o espectaculares giros de guión para hacerla algo épico. No. Desde su viaje al pueblo para hacerse con la pastilla hasta su regreso a casa, no hay nada sorprendente en toda la cinta, sino que su costumbrismo es el motivo por el que hay que verla. Lejos de superficialidad, de efectismos argumentales, y más cercana a la vida misma, un natural retrato de una amistad unida hasta el inevitable final.
Cabe resaltar que, a pesar de su dramático fondo, el humor está presente en no pocas ocasiones y hacen de algo tan duro más llevadero. El desternillante monólogo de su película favorita en un bar o algún que otro momento de despiste con las luces de la habitación nos sacarán muchas risas, momentos reforzados por las inmejorables interpretaciones de sus protagonistas, y es hacia el final cuando el espectador romperá a llorar desenfrenadamente, en una escena que le conmoverá enormemente el corazón. Tal como a mi me lo hizo.
Es una película vista interminables veces, de las que te sabes a la perfección como termina, pero su forma de contarse y la fuertes emociones que hace sentir la convierten en uno de los mejores productos de la plataforma, tan humana como realista. No hace falta amor de por medio, solo dos inseparables amigos cuyas vidas se vieron truncadas por los inesperados giros de guión de la vida, quedando para la posterioridad un maravilloso recuerdo, imposible de olvidar.



